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Tomás Emilio Schlotthauer

Tomás Emilio Schlotthauer

Cantor y bandoneonero y para más datos, entrerriano de pura cepa. Un tanguero de ley que dejó los fierros pra convertirse en luthier y hacerse su "fueye" propio

-Naciste bajo el signo de Libra, un 9 de octubre de 1936. Fue en Aldea San Antonio, Departamento Gualeguaychú, Provincia de Entre Ríos, en esta Argentina. Pero cuentan los que saben que eras muy chiquito cuando partiste para la gran urbe...

¡Si!.. En 1944 dejé por primera vez Entre Ríos. Un hermano mayor se casó con una joven que no hablaba español, entonces yo fuí el "che pibe" de los mandados.

-Llegaste a Buenos Aires por los `40. Puede decirse que en plena época de oro del tango.

Es cierto. Buenos Aires comenzaba a vivir el furor del tango. Te digo más, teníamos como vecino de barrio a un joven que, según se decía, era de Urdinarrain (otro pueblo de Entre Ríos), aunque eso nunca lo pude confirmar. Era un tal Goyeneche. ¿Que tal?

-Y fueron la época de oro del tango y la vecindad con "el polaco" que te hicieron tomar la senda del canto?

¡No!.. Ya desde muy chico cantábamos con nuestra madre, doña Carlota Sittner...

-Perdona que interrumpa. Tu mamá se llamaba Carlota. Un bello nombre. Tel vez por eso tu sobrino Gustavo, el de La Aldea de Colón bautizó con ese nombre a su hija... ¡Hermoso homenaje!.. Perdón. Seguí contando...

Te decía que en casa cantábamos con mamá. Eran canciones litúrgicas, yo, tímidamente, le hacia la segunda voz, no vayas a pensar que era un dúo (Ríe). Acá somos dos hermanos de los seis varones y seis mujeres. Actualmente quedamos tres y tres. Ordenaditos, como son los alemanes. ¡Ahora vamos por el desempate!...

-¿Cuántos años te quedaste en Buenos Aires trabajando de "che pibe"?

Un año. Apenas un año. A los nueve pegué la vuelta y volví a Entre Ríos en tren. Solo... Doce horas de viaje, con el cruce del Paraná en el ferry. Llegué a Urdinarrain de noche, con mi valijita y peinado con jopo a la gomina. Averiguaba si para el lado de San Antonio salía algún carro, pero nada, hasta que un señor que estaba al tanto de mi necesidad ubicó a una persona que iba para ese lado. Los veinticinco kilómetros en carro por la noche fueron inolvidables.

-¿Sabían en casa que estabas regresando?

¡No!.. ¡No sabían nada!.. Hacia un año que no veía a mis padres, a mis hermanos, a mis amiguitos de la edad. El señor del carro me dejó en la puerta de mi casa y entré a la habitación de mis padres que dormían... Luego mi madre me llevó a mi pieza y me dormí... Mis hermanos por la mañana no lo podían creer, salieron corriendo avisando a todos los chicos a los gritos, "¡¡¡Llegó Tomasito!!!.. ¡¡¡Llegó Tomasito!!!".

-Que emotivo recuerdo...

Los que pasamos los setenta nos olvidamos de muchas cosas pero hay algunas de las que uno no se olvida jamás.

Emilio Sittner, cantor y fabricante de bandoneones de Argentina, nacido en la Provincia de Entre Ríos.-¿Y regresaste a Buenos Aires?

¡Sí!.. Pero esperá un poco. Primero nos fuimos a Villa Mantero, mi padre había abierto un negocio: Casa de Comida y Despacho de Bebidas. Una noche bajó un señor del tren con una guitarra, dijo venir de Urdinarrain, lugar en el que estaba viviendo. Entró al negocio y le pidió autorización a papá para tocar algo para los parroquianos, permiso que por supuesto obtuvo. Después supimos que ese hombre era, ni mas ni menos, Atahualpa Yupanqui.

-¡Bueno Tomás... Primero tu vecindad con el Polaco, ahora Don Atahualpa, con esos recuerdos estás prestigiando cada vez más nuestras páginas. Que bueno tenerte con nosotros. Y decime -estoy ansiosa- ¿cuando regresaste a Buenos Aires?

Recién a los diecisiete años volví. Y también fueron llegando mis hermanos menores. Tenían que ayudarme a terminar la casa para traer a los viejos. Luego con mi hermano José -recientemente fallecido en un trágico accidente, quien se estaba entrenando para cruzar por segunda vez, con sus setenta años, la Cordillera de los Ándes en bicicleta- abrimos una fábrica de herramientas de corte especiales, para los autopartistas. Nos fue bien, pero mucho sacrificio. Y un día dijimos "¡Basta!" y vendimos. Los dos nos quedamos con algunas máquinas. Por si acaso, ¿viste? Las máquinas mías, sin haberlo siquiera pensado, me han venido muy bien para esto de fabricar bandoneones.

-Y como sigue la historia del canto, luego de las canciones litúrgicas de tu infancia?

Lo del canto lo tenia bien adentro, como algo necesario, imprescindible para sentirme pleno. Primero integré varios coros. Te cuento que soy uno de los ocho componentes fundadores del Coro de Cámara del partido de La Matanza, Gran Buenos Aires, creado por el Centro Municipal. Asimismo, hice varios cursos de verano en el Teatro Colón me han tenido como alumno de canto en la cuerda de bajo-barítono. Me gustaban las áreas del genial Giusepe Verdi. También estudie canto en el Franz Litz, con una pianista rusa llamada Rosita Zozulio, que hoy es responsable de todo lo que es canto en el Teatro Colón.

-¿Y los tangos?.. ¿Cuándo llegaron los tangos? ¿Por qué el seudónimo?

Como cantor de tangos soy uno de los tantos "peñeros" de Buenos Aires. En mis comienzos me acompañó el maestro Carlos Peralta, que en distintas etapas acompañó a Alberto Marino y a Jorge Vidal. Luego, con su conjunto de guitarrasgrabé un CD en el estudio de Roberto Álvarez, primer bandoneón de Pugliese, que hoy tiene su propia orquesta. Te cuento que de todos los hermanos soy el único que se atrevió a subir a un escenario. Canté en Esquina Pugliese de Boedo y Carlos Calvo, donde el maestro se sentaba a tomar su cafecito. En Homero Manzi de San Juan y Boedo intervine en un concurso acompañado por los guitarristas de Nely Omar. Entre nosotros, no me fue nada bien (Rie). En cuanto al seudónimo, utilicé el apellido materno porque el de papá es muy largo.

-¿Y finalmente, como nace la idea de fabricar bandoneones?

Siempre oía decir que no se fabricaban mas "fuelles" y me dije "Si alguien lo hizo por qué no lo podría hacer yo". Y entonces, con aquellas máquinas que me había reservado "empezó la cosa". A eso hay que sumarle mucha paciencia y bancarse reiterados "¿¡Y... Para cuando!?". Un día me invitaron desde Carslfeld, la cuna del bandoneón en Alemania del este, para cantar en los festivales de cada año. Al llegar comprobé que de la antigua fábrica de bandoneones quedaba solo el piso, pero por suerte se había hecho un lindo museo y una hermosa sala teatral. En la iglesia de la aldea hasta se cantan himnos con acompañamiento de bandoneones. En cuanto a la fábrica, de más de cien empleados que tenia, solo queda uno, que tuvo la amable idea de llevarnos a conocer las casas de los descendientes Arnold, que están muy ajenos al tema de los bandoneones. Los Arnold han sido los mejores constructores de bandoneones. Son los creadores de los conocidos AA (Doble A), las iniciales de Alfred Arnold.

-¡Y con todos esos ingredientes al volver de Alemania seguro te animaste!

¡Sí!.. Me animé.. La idea de hacer bandoneones la tomé como un desafío. Introduje algunas modificaciones muy interesantes. En Alemania no vi absolutamente nada novedoso en la fabricación del instrumento en cuestión. Así que tuve que agudizar mi ingenio.

-Y cuando estuvo terminado y listo para salir al ruedo, ¿qué sentiste?

Algo muy importante. Ha sido muy lindo escuchar que de mi bandoneón salía impecablemente la melodía del tango Sur. Fue en La Casa del Tango, una melodía que tengo grabada como recuerdo.

Emilio Sittner, cantante argentino de tango como afición y fabricante de bandoneones nacidos tan alemanes, como su propio origen

Y así, con esta última y emotiva imagen de la misión cumplida, dejamos en libertad a esta singular figura. A este Cantor de Tangos y Luthier que nació en Entre Ríos y se impregnó en Buenos Aires de la música ciudadana. Pero antes de cerrar nobleza obliga. Quiero destacar que como epílogo de la nota, Tomás ha hecho una valiosísima donación a la Asociación Ángel Villoldo, nada menos que un disco de pasta de 78 rpm grabado -vaya una a saber cuando-, en los estudios Era Grand Record , placa Nº 60165. En una de las caras de esta pieza -en cierto modo incunable-, Don Ángel Gregorio Villoldo ejecuta su guitarra y canta un tema de su autoría titulado El tachero remendón... ¡¡Gracias!! Y gracias además por tu tiempo Tomás. ¿O Emilio?

Rosa Candelas, Boletín de Tango "Rosas de otoño", Concepción del Uruguay, Entre Ríos, argentina.

 Una yapa a Tomás Schlotthauer (Emilio SIttner) cantando:

http://www.youtube.com/watch?v=280tAN0jn3g

Aquellas farras
Tango 1930
Música: Roberto Firpo
Letra: Enrique Cadícamo

Tiempos viejos y compadres
de mi vida cadenera
que ya no volverán
mis años a gozar.

Qué habrá sido de esa barra,
bravucona y trensillera,
que tanto dio que hablar
por su guapear.
Adiós, amigos de entonces,
ya estamos viejos de tanto andar.

 

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